Hay cosas que son indudables y una de ellas es que si hay dos conceptos de moda ahora mismo estos son los comúnmente denominados drones y el Big Data. Como confirma Manuel Oñate, presidente de la Asociación Española de Sistemas Aéreos Pilotados de Forma Remota (AERPAS) “Hace tres años no había nada y ahora mismo hay entre 4.000 y 5.000 empresas en Europa” que se dedican al uso y explotación de estos vehículos aéreos no tripulados. Lo más peculiar es que, si nos olvidamos del aspecto lúdico de los drones, estos y el Big Data están mucho más cerca de lo que creemos.

¿Que es un drone?

Un drone, nombre común por el que se conocen los, más correctamente denominados, vehículos aéreos no tripulados, consisten en plataformas autónomas de vuelo que pueden ser manejadas por un operario desde el suelo (conocidos por RPA) o bien programadas para que realicen un determinado recorrido aéreo (los denominados UAV) y que generalmente llevan incorporadas cámaras fotográficas y/o sensores mediante los cuales se adquieren determinada información con un componente espacial.

En otras ocasiones estos sistemas autónomos en vez de ser sensorizados, se usan para otros menesteres que van desde el transporte de objetos, rescate en lugares inaccesibles para medios terrestres o incluso para trabajos tradicionalmente artesanales como el pastoreo.

drone

¿Y como se relaciona con Big Data?

Ya hemos definido en anteriores ocasiones el Big Data como el “tratamiento y análisis de grandes cantidades de datos con herramientas analíticas adaptadas a este enorme tamaño, generando información útil para la gestión empresarial o científica”. Pues bien, uno de los resultados que precisamente nos puede reportar un vehículo aéreo no tripulado es esta, la de la captura de grandes cantidades de datos georreferenciados o con un componente espacial definido que, a menos que usemos herramientas propias de Big Data o que compartan su filosofía de velocidad, variedad y volumen, difícilmente podremos aprovechar.

Generalmente, las soluciones más sencillas de adquisición de datos pasan por equipar los drones con cámaras NIR y red-edge (infrarrojos), RGB (espectro visible), termográficas o multi-espectrales, con las que mediante técnicas de fotogrametría, podemos obtener puntos georreferenciados en los tres ejes cartesianos (los dos horizontales, x e y, y la altitud) y el valor que nos ofrece el sensor que montemos en la cámara (por ejemplo, si es RGB, obtendremos el color verdadero de ese punto). Ahora bien, hemos de tener presente que dadas las resoluciones actuales de las cámaras fotográficas (decenas de megapíxeles), nos originan que podamos llegar a tener densidades que se elevan fácilmente a miles de puntos por metro cuadrado de la superficie… y estas se deben considerar como “grandes cantidades de datos”, y por tanto interpretables con las herramientas analíticas Big Data.

Captura de naranjal con drone

En la actualidad, estos dos mundos se encuentran bastante separados: mientras la fotogrametría es una técnica más propia a tratarse con sistemas de información geográfica (GIS), el Big Data, aunque algunos se empeñen en decir lo contrario, no se ha introducido en el mundo geográfico y en los de su información en la forma en la que debiera. Posiblemente, la irrupción repentina de los sistemas aéreos no tripulados sea el camino perfecto para ello ya que indisolublemente han de ir de la mano si realmente se desea explotar y procesar todo la información que nos arrojan estos sistemas.

 

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